Conclusiones y consideraciones sobre el sentido de la vida a partir del visionado de la película SOUL

Como todas las películas que intentan tratar temas teóricos, “tampoco” esta película logra su objetivo. La cuestión del alma y el cuerpo es una excusa, un contexto, pero no es realmente el tema de la película. El verdadero tema de la película es qué es lo que hace que la vida merezca la pena (Nota 1): es el problema del alma 22, que no encuentra un aliciente que le haga saltar a ocupar un cuerpo en la tierra, y del protagonista Joe Gadner, que juzga que su vida no tiene sentido (piensa que ni siquiera ha vivido) si no logra su sueño de tocar en una banda de jazz. La película explícitamente critica (por labios de Jerry, los gestores del seminario del Tú) la idea de que la “chispa”, el último elemento que necesita un alma para poder saltar a la tierra, sea el propósito con el que un alma ha nacido. Dice que eso es un pensamiento muy básico, muy simple. Y de hecho ese es el descubrimiento de Joe al tocar finalmente una noche el concierto de jazz. Eso como si se hubiera acabado la vida porque ya ha conseguido lo que había buscado durante toda su vida. Por contraste 22 ha conseguido su chispa (y no es que se la haya robado a Joe al vivir en su cuerpo durante unas horas y sentir fascinación por la vida) simplemente disfrutando de las cosas sencillas de la vida: el trozo de pizza, andar, el viento que sale de la rejilla del suelo… Es cierto que la película plantea ese disfrutar en clave muy sensible y hedonista (por ejemplo 22 no consigue su chispa hasta que consigue vivir en un cuerpo y tener acceso sensible a placeres sensibles, y, sobre todo, lo que ponen como lo maravilloso de la vida tiene que ver con el disfrutar y no con otras cosas más “arduas”).

Nuestro ponente de este encuentro, José Ignacio, comentó que le había gustado porque la vida tiene sentido por sí misma. Ahí José Ignacio estaba pensando, creo yo, en la funcionalidad de las máquinas, con un propósito bien definido, frente a la vida como praxis teleia. La vida, el viviente no es un proceso, ni una cosa, sino una actividad que, en cierto modo, se basta a sí misma. La vida y sus contenidos es el bien en sí mismo de la propia vida. Lo interesante de esto es que esto desubjetiviza la vida porque la felicidad y la plenitud vital no dependen de una identidad-vocación personal y privadamente custodiada sino que termina de ganar concreción y contenido en interacción con el resto de la realidad.

Llegamos así al problema de la identidad y de la vocación. Una posición cercana a la que plantea José Ignacio es la de Viktor Frankl, para quien la identidad del hombre reside, fundamentalmente, en su libertad. Esa libertad es la que nos permite aportar siempre algo nuevo a los requerimientos que los lanza la vida. Nos permite acogerlos, moldearlos, responderá a ellos de un modo u otro. Nuestra libertad no es absoluta sino capacidad de respuesta. Podemos determinar cómo nos posicionamos ante lo que la realidad nos plantea como incondicionado. Lo incondicionado es el “contenido” de la vida porque no lo elegimos nosotros. Lo libre es nuestra actitud ante ello. Según este planteamiento, nuestra identidad, nuestra vocación, aquello en lo que adquirimos plenitud en nuestra vida, no está definido desde el principio. Es algo que va adquiriendo su configuración dependiendo de las sucesos y situaciones azarosas que nos toquen vivir y lo que decidamos hacer con ellos.

La otra alternativa, representada en cierto modo por Ortega y Gasset y por Herbert Alphonso sj., con su planteamiento de la vocación personal. Otra versión de esta postura es la de Aristóteles. Ortega plantea que en lo más profundo de cada uno de nosotros hay un temple de ánimo de fondo, un estilo de amar, que no ha sido decidido por nosotros porque es previo a las acciones voluntarias a partir del cual nace toda nuestra vida interior y exterior. Las elecciones voluntarias, libres, toman como criterio este temple interior. Proceden de él pero no lo tienen como objeto. Ese temple de ánimo, según Ortega, no es modificable por ningún acontecimiento que nos ocurra. Los acontecimientos condicionan y configuran nuestra vida fáctica y también mucho del discurrir de nuestra vida interior. Pero el modo en que los acogemos, el modo en que nos afectan, el modo en que nos relacionamos con ellos depende de ese estilo de amor de fondo que nos configura interiormente.

La propuesta de Herbert Alphonso sj. es un poco distinta. En el fondo sí admitiría una especie de temple de ánimo o estilo de amor de fondo que está ahí al estilo de Ortega. Solo que él lo vincula a un modo de expresión del amor de Dios y que él considera que es nuestra vocación personal. La que Dios nos ha dado a cada uno. Herbert Alphonso reconoce la vinculación entre su noción de vocación y la noción de sentido de la vida de Viktor Frankl pero también marca la diferencia, a su juicio, entre ambas: la de Viktor no deja de tener un cierto carácter psicológico o fáctico (cómo nos manejamos con la facticidad concreta de nuestra vida) y por eso no hace referencia a lo más profundo de nuestro ser. No tengo claro que la crítica sea válida. Lo que sí es interesante es que así como el sentido de la vida depende de nuestra libertad como respuesta a una pregunta que nos lanza la vida, la vocación personal no depende de ninguna facticidad concreta sino que depende de descubrir el estilo de amar que Dios ha imprimido en lo más hondo de nuestro ser y hacer de eso el criterio de discernimiento de toda nuestra vida. Es un temple de ánimo definido no desde la naturaleza sino desde la acción creadora de Dios y desde la gracia que nos comunica el Espíritu Santo. En Herbert es fundamental el carácter teológico de este temple de ánimo, carácter que está ausente en Ortega.

Por último, Aristóteles, con su noción de la vida buena y de la proáiresis vital entiende que la propia identidad, vocación vital en realidad es fruto de una elección de fondo en la cual nos decidimos como buscadores de determinado tipo o estilo de bien. La diferencia con Ortega y Herbert es que ese estilo general que nos caracteriza es elegido y no una configuración interior que nos viene dada y que simplemente tenemos que descubrir (a no ser que solo haya una proáiresis general válida: la del bien del hombre en cuanto hombre). La diferencia con la película es que esa proáiresis no es un propósito concreto sino un modo de elegirse a sí mismo como buscador de bienes pero no de un bien concreto (cómo ser músico de jazz). Quizá ser músico de jazz —o bienes tan concretos como ese— sean posibilidades prácticas a la hora de realizar esta proáiresis general. Pero también es posible elegirse como buscador no de un bien tan concreto sino más bien como buscador de un cierto estilo de bienes. Es decir, como buscador del bien en general o como buscador de bienes que comparten un cierto estilo entre ellos. La diferencia con Frankl es, por otra parte, que la facticidad de los contenidos concretos de mi vida afecta poco al contenido de esta elección general. Esa elección es el contexto bajo el que elijo mis acciones particulares y concretas que, lógicamente, sí responden a los condicionamientos concretos de mi vida. Pero esa elección general es lo que estoy eligiendo, el criterio de fondo, que elijo al elegir todas las acciones particulares (en caso de que sea capaz de ser coherente con esa elección general). Por eso esa elección general es o puede ser independiente de lo que la realidad me presente como condicionantes de mi vida. En caso de que la proáiresis general correcta, buena, sea la elección por el bien en general, eso nos aproxima a los comentarios de José Ignacio y a la concepción de Kant: el único bien moral es una buena voluntad. Es decir, una voluntad que se ha determinado a buscar el bien por el bien y no por los beneficios pragmáticos o hedonistas que implique (esto es una simplificación muy grande). El bien moral fundamental es quererse como buscador de bienes en sí mismos. Y la conexión con la vida como fin en sí misma es precisamente que la vida como actividad y realidad valiosa en sí misma da valor a los bienes concretos que entran en ella: son los bienes a los que tengo que atender y que configuran mi vida porque cualquier bien es valioso y lo es más si entra a formar parte de una vida.

NOTAS


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1.- De hecho el artículo sobre Soul de Wikipedia (consultado el 27 de noviembre de 2025) dice explícitamente que ese era el objetivo del director al hacer la película: “Originalmente, el protagonista iba a ser un científico, pero Pixar decidió basar la historia en un músico ya que quería una profesión a la que la mayoría de la audiencia pudiese aspirar y comentaron que «la vida de un científico no se siente tan natural y pura como la de un músico». Docter describió la cinta como «una exploración de "¿dónde debería estar mi enfoque?" y cuáles son las cosas que, al final del día, serán realmente importantes y te harán mirar atrás y pensar "¿pasé tanto de mi valioso tiempo en la Tierra preocupándome o enfocándome en eso?"».[12]​” Y esto lo toma de Nick Romano (6 de noviembre de 2019). «Pixar bares its Soul in first look at film with Jamie Foxx and Tina Fey». Entertainment Weekly (en inglés). Consultado el 16 de octubre de 2020.