VALORES HUMANOS Y EDUCACIÓN DEL CARÁCTER

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (179)

21.06.2026 | por Andrés Jimenez Abad

VALORES HUMANOS Y EDUCACIÓN DEL CARÁCTER

            La educación o formación del carácter es, en su versión más consistente, una formación integral -inteligencia, voluntad, afectividad- e integradora, centrada en la persona y articulada a través de la formación en valores humanos o virtudes.

            La persona cuyo carácter está basado en el cultivo de las virtudes tiene capacidad para autodeterminarse por el bien, de buscar en todo momento la verdad y de contemplar y gozarse en la belleza.

            La educación del carácter responde a un planteamiento propuesto ya por Sócrates, Platón, Aristóteles y los estoicos, entre otros, que hunde sus raíces en los conceptos de virtud, bien, felicidad y “paideia” (educación, cultura, ciudadanía) que ha impregnado la cultura occidental a lo largo de la historia. A este planteamiento hay que añadir la perspectiva y fundamentación cristiana, basada en la dignidad de la persona y en la que sobresale la primacía del amor, entendido como entrega y servicio al bien de las personas y del bien común.

            La Psicología cognitiva de segunda generación, que admite el papel fundamental de las emociones, la Psicología Positiva y la Neurociencia aportan fundamento científico a este enfoque o modelo ético-educativo, en el cual el “buen carácter” no se reduce al conocimiento del bien y de la verdad sino que es una orientación íntegra de la persona a los valores más nobles.

            No somos moralmente buenos por solo razonar moralmente bien, sino que se requiere además obrarmoralmente bien. Para lograr un comportamiento moral es precisa la integración de las capacidades de la persona. Importa la razón, pero también las emociones, saber obrar y obrar bien de hecho, cultivando la dimensión física y la espiritual de la persona, la dimensión individual y la social. La enseñanza, propiamente dicha ha de incluir aspectos cognitivos, emocionales y éticos.

            Hay que contar, como es obvio, con el papel de las familias, que es insustituible, básico y previo a cualquier tarea escolar. Pero es también tarea fundamental del centro educativo la integración del cultivo de los conocimientos y destrezas y la formación de los valores humanos que configuran el “buen carácter”. La organización y el ethos del centro educativo no son neutros ni indiferentes hacia la formación en valores humanos. El clima moral de la escuela es decisivo y debería ser consistente con los valores recogidos en un proyecto educativo orientado a la formación integral de la persona.

         Es responsabilidad de los padres -su derecho y su obligación- asegurarse de que la labor del centro educativo sea coherente con el proyecto educativo familiar. Por ello su elección de centro y su colaboración habitual con este debería tener tal aspecto como fundamental. También es responsabilidad de las familias posicionarse en el ámbito político, a través de todos los cauces posibles y adecuados, con el fin de asegurar que su protagonismo educativo es respetado y asegurado por las autoridades y por la administración educativa.

         Tal vez esta observación parezca utópica, pero habría que preguntase si no se deberá a la negligencia generalizada de nuestra sociedad civil, tan pasiva y servil ante el “pensamiento único dominante”, y a la ausencia de los laicos católicos en la vida pública. Nunca es tarde para reaccionar y organizarse. La visita a España de León XIV también era para recordar estas cosas.

(Publicado en el semanario La Verdad el 19 de junio de 2026 y en el blog "lamiradaabiertaalser")