EDUCAR EL CARÁCTER EN LA ESCUELA Y EN CASA

REPENSANDO LA EDUCACIÓN (180)

02.07.2026 | por Andrés Jimenez Abad

EDUCAR EL CARÁCTER EN LA ESCUELA Y EN CASA

En un centro que apueste por un modelo de educación del carácter, todos tendrán claro que lo bien hecho educa, y por ello, en todas sus actividades, normas de convivencia, programas, premios y celebraciones se buscará que cale lentamente una cultura escolar de excelencia, esfuerzo, generosidad, que impulse a los alumnos a ser buenas personas y ciudadanos proactivos, capaces de controlar sus vidas, de adquirir y aplicar criterios basados en los valores más nobles.

Fomentará una atmósfera escolar de ideales y valores que favorezca la motivación intrínseca del alumnado. Por ejemplo, será un colegio que premia a sus mejores deportistas valorando los resultados pero también la deportividad, el espíritu de equipo, el esfuerzo, la constancia o la superación. De igual modo se organizarán certámenes o proyectos relativos a determinadas áreas de conocimiento (ciencia, humanidades, artes, idiomas, etc.) en los que se propicie y se reconozcan, junto al resultado, valores como la iniciativa, la superación, la originalidad, la constancia, la cooperación, etc. Esto favorece que todos los alumnos aspiren y aprendan a valorar todas esas metas y a incorporarlas a su vida personal, al clima de aula, etc.

Otro ejemplo: el centro puede poner, según los niveles escolares, que en determinado periodo de tiempo, dos o tres semanas por ejemplo, se destaque un valor concreto (solidaridad, espíritu de superación, responsabilidad, esmero en el trabajo, respeto, orden, puntualidad, cuidado de las instalaciones y del entorno, generosidad, etc.) ofreciendo a todos los alumnos una descripción, adaptada a la edad y la etapa académica, de su contenido e importancia, programando ocasiones para ponerlo en práctica en el día a día o también en determinados eventos, y evaluando siempre su desempeño (porque “lo que no se evalúa, se devalúa”).

Como venimos diciendo en ocasiones anteriores, es fundamental que el profesorado y las familias vayan en todo ello de la mano, procurando asumir estilos de vida y de actuación en los que destaquen valores como los mencionados. Nada educa más y mejor que la ejemplaridad alegre del educador.

Convendría para ello que las familias fueran informadas para que, al mismo tiempo y con los mismos criterios de valoración, promuevan también en el hogar la vivencia de los valores humanos, por ejemplo fomentando la lectura y el diálogo sosegado, normas sencillas y básicas de cortesía y respeto, actividades domésticas compartidas, animar a la autodisciplina en los hijos enseñándoles a tomar buenas decisiones y a tener un sistema de valores, a soportar la frustración, comentar juntos determinados acontecimientos, situaciones o problemas, etc.

En la familia es esencial la comunicación habitual con los hijos ya desde pequeños; que los padres sepan iniciar a menudo conversaciones para evitar los monosílabos: ¿cómo te ha ido hoy?, ¿qué ha sido lo mejor del día?, ¿y lo peor?, ¿te sientes satisfecho?, por qué?, ¿sabes lo que me ha pasado esta mañana en el trabajo?, últimamente estoy intentando resolver tal problema que se me resiste, ¿a ti qué te parece, qué harías en mi lugar?, ¿te has enterado de lo que ha pasado en…?, etc.

La Universidad de Chicago realizó hace pocos años un estudio con alumnos de resultados excepcionales, y todos ellos tenían padres que les habían animado y les empujaban con normalidad a superarse.

Aquí sí que es cierto aquello de que “educa toda la tribu”…

(Publicado en el semanario La Verdad el 24 de junio de 2026 y en el blog "lamiradaabiertaalser")