Crítica de Sandel a la eugenesia liberal
Autor: Iñaki Ilundáin
Michael Sandel, famoso profesor de Ética en Harvard, publicó en 2007 Contra la perfección. La ética en la era de la ingeniería genética (traducción española de ese mismo año en Marbot ediciones). En este breve libro prosigue y complementa las críticas realizadas por J. Habermas en El futuro de la naturaleza humana. ¿Hacia una eugenesia liberal? (2001). En lo que sigue gloso algunas de las tesis principales de Sandel que considero dignas de ser tenidas en cuenta. El libro incluye un largo epílogo sobre el tema de las células madre en el que mantiene tesis discutibles y rechazables, no congruente del todo con el texto que sirve de base a estas reflexiones.
La palabra “eugenesia” es un neologismo creado en 1883 por Francis Galton dentro de la corriente del darwinismo social. La eugenesia (etimológicamente, “bien nacido”) defiende la mejora de la especie a través de la mejora de la herencia genética. En algunas asociaciones y estados de Estados Unidos se promovió, en las primeras décadas del siglo XX, la reproducción de los más aptos (considerados así por su coeficiente intelectual, su salud física…). Esto tuvo como reverso negativo las campañas de esterilización forzosa de los considerados como menos aptos. Algo más tarde vino el caso extremo y criminal de Hitler que explica la mala fama generalizada de la eugenesia.
Se corrigieron planteamientos. Lo que se critica hoy, sobre todo, es el carácter coercitivo de los tratamientos de la eugenesia afirmando que los estados no tienen legitimidad para imponer estos métodos. Pero el tema de la eugenesia sigue ahí. En la actualidad, las diferentes legislaciones sobre la reproducción asistida se enfrentan al problema de si los futuros padres pueden elegir el perfil y características de los donantes para así, controlar, los rasgos de su futuro hijo. Por otro lado, la legislación no permite mejorar, por ejemplo, la potencia muscular, con este tipo de técnicas. ¿Estaríamos dispuestos a permitirlo? Hoy por hoy, las legislaciones actuales parecen remisas a permitir este tipo de usos. Todavía tiene mucha fuerza la distinción entre la cura de enfermedades y la mejora del rendimiento o el diseño de los futuros hijos.
Esta problemática ha generado un intenso debate ético-filosófico. N. Agar denominó “eugenesia liberal” (1998) a este nuevo ideal pensando en la posibilidad de que los padres pudieran elegir y diseñar aspectos básicos de los hijos a través de la bioingeniería. Ante esa posibilidad de elección que las nuevas técnicas posibilitan, el Estado se mantendría neutral. La película Gattaca (A. Nicol, 1997) afirma esta neutralidad, aunque también muestra su reverso: se crearían nuevas castas y aparecerán los “inválidos”. Los padres quieren lo mejor para sus hijos y, por lo tanto, no quieren que sus hijos estén predeterminados a ocupar y realizar roles sociales subalternos. Los críticos de la eugenesia liberal se hacen eco de la presión que la nueva situación crearía. No hay coerción estatal, pero sí una gran presión social.
Por otro lado, el papel de la influencia de la biografía y el entorno es algo defendido por muchos expertos hasta el punto de afirmar que es tan importante la genética como la epigenética. La conciencia de las posibilidades humanas estaría marcada por el saberse diseñado. Esta es una realidad que afecta a la experiencia de la propia vida, al modo de estar en el mundo, lo cual es determinante para la misma vida. Si las capacidades están diseñadas de antemano, se va introduciendo la idea determinista de que se hará muy bien aquello de lo que se es capaz. Aunque lo importante es saber qué hacer con los dones, diseñados o no, no los dones-aptitudes en sí mismas.
La incidencia sobre la naturaleza humana
Hacerle algo al cuerpo de la persona es hacérselo a la persona. Al acariciar o pegar estamos acariciando o pegando no a un cuerpo, sino a una persona. Al pretender diseñar el mapa genético de cara a la mejora contando con la herencia de los progenitores se está incidiendo directamente en la identidad ontológica del nuevo ser que se convierte, parcialmente, en objeto de elección por parte de otros. La imprevisibilidad, la “innovación radical” de la que hablaba Julián Marías al explicar el carácter personal del ser humano, se pondría en entredicho. Lo indisponible del quién de cada uno se torna ahora disponible. Es verdad que lo importante es qué hacer con las aptitudes que se tengan, pero lo diseñado condiciona, orienta. El margen de libertad y autonomía se acorta si lo que soy ha sido objeto de elección paterna/materna y social.
Además de lo ya dicho, Sandel hace una sugerente crítica final a la eugenesia. Toma de W. F. May la idea teológica de “apertura a lo recibido” que asume sin darle significación religiosa. El perfeccionamiento buscado por la bioingeniería traería, según el pensador estadounidense, tres consecuencias derivadas del predominio de la actitud de dominio que no reconoce el carácter de don de las capacidades y los logros.
- El rechazo a las promesas de mejora de la ingeniería genética es una defensa de la apertura de lo recibido que se despliega en el estar abiertos a lo inesperado, así como en el dominar el ansia de control desmedido.
- Rechazar estas promesas supone aceptar la idea de que no somos totalmente responsables de cómo somos. Las nuevas propuestas aumentan de manera desmedida la responsabilidad ya que conllevan aceptar que todo es, o podría ser, objeto de elección, y no algo contingente y no dominable.
- Si fuésemos diseñados, según Sandel, nos haríamos menos sensibles a las desgracias de otros al ver a los más “bajos” en la sociedad, no como desfavorecidos, sino simplemente como “no aptos”.
