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MATERIA

El término "materia" proviene etimológicamente, a través del latín, de "madera" (tomada como "material" del que se hace uso para fabricar y dar forma a diferentes objetos), y traduce el término griego "hylé". Se refiere al sustrato común e indeterminado de los seres corpóreos que constituyen el mundo físico. La materia es aquello "de lo que" están hechas las cosas. Según Aristóteles es lo que subyace a los cambios, lo indeterminado, lo que está en potencia ("dinamei")- para recibir formas.

La teoría "hilemórfica" del filósofo de Estagira sostiene que los entes corpóreos, las sustancias individuales del mundo físico, están compuestos por dos elementos correlativos: materia (hylé) y forma (morfé).

La "materia prima" es el sustrato común a todos los entes físicos, es pura potencia e indeterminación, y no existe separadamente, sino en composición con la forma. La materia, en tanto que informada, tal como se da de de hecho (en acto) en los entes, es "materia segunda"; es la materia ya determinada por alguna forma. 

La materia es "el aquí y ahora" de las cosas físicas y es parte nuclear de su existencia concreta, individualizada, junto con el acto de ser. En la materia incide la dimensión cuantitativa de las cosas.

Para la filosofía pitagórico-platónica -también para la sabiduría persa, para los gnósticos y para las religiones maniqueas en general- la materia es sinónimo de imperfección y sería el "principio" causante del mal, de la limitación y de lo negativo. Para Aristóteles y para el pensamiento cristiano, la materia no es mala ni causante del mal. Es algo positivo, en tanto que es parte de la realidad. Es imperfecta, ciertamente, si se compara con las formas y con las causas eficiente y final, o con el acto de ser, pero al ser parte intrínsecamente constitutiva de las cosas corpóreas, es real (un bien, por lo tanto) y condición para que estas existan y reciban determinaciones (positivas).

La materia, para el aristotelismo, es potencialidad (potencia, "dinamis"); y la potencia es la capacidad de ser (es el no ser todavía) respecto del acto ("energeia"), que es el ser ya. Las determinaciones formales que recibe la materia (la forma sustancial y las formas accidentales) son actualizaciones de su potencialidad. Y la forma, al ser "recibida" por la materia, se individualiza a través de la forma accidental "cantidad", que inhiere en la sustancia.

Sería muy interesante profundizar en la adecuada "demarcación" (relación y distinción) existente entre la materia entendida filosóficamente y la materia según la entiende la ciencia física, y en sus relaciones respectivas con la "energía" (susceptible también de demarcación en ambos ámbitos).