REENCARNACIÓN
Hasta un cierto punto la doctrina de la reencarnación [también llamada metempsicosis] con sus numerosas variantes, antiguas y recientes, ofrece una posible solución al dilema apenas esbozado [entre la "inmortalidad de la vida" y la "inmortalidad del yo"], situando en modo adecuado tanto el estatuto de la inmortalidad humana cuanto el de la muerte misma. Según estas teorías, el espíritu inmortal del hombre retiene siempre su individualidad e identidad, mientras vaya trasladándose de cuerpo en cuerpo, de situación vital en situación vital, de cultura en cultura, de mundo en mundo, asegurando de este modo una inmortalidad “individual” vivida en un contexto corporal, social e histórico.
Sin embargo, está claro que la doctrina de la reencarnación, que no se justifica fácilmente desde el punto de vista racional y científico, ofrece una solución pobre y a corto plazo. De hecho, entre las doctrinas reencarnacionistas hay que optar antes o después entre dos posibilidades. O bien el ciclo de encarnaciones, desencarnaciones y reencarnaciones se repite perpetuamente en un círculo eterno sin fin (es la forma contemporánea más típica), o bien el ciclo se verifica un número elevado pero finito de veces hasta conseguir la purificación cabal del alma, que no necesitará más del apoyo purificador del cuerpo (es la forma clásica, presente en el hinduismo, el pitagorismo y el platonismo).
En el primer caso se le ofrece al hombre una confirmación perpetua de la no-definitividad de su vida, se otorga permanencia a la provisionalidad, se quita todo fundamento de la fidelidad [J. Morales. Fidelidad, Rialp, Madrid 2004] y se deshace el efapax —“una sola vez”— que caracteriza la vida del hombre según la fe cristiana, porque basado sobre el actuar salvífico de Cristo, acontecido ‘una sola vez’ [Hebreos 7,28; 9,12.28; 10,10]. En el segundo queda banalizada la corporeidad humana —y por ello toda la vida terrena, social e histórica del hombre— en modo platónico. En pocas palabras, la reencarnación no ofrece la posibilidad de integrar plenamente las dos “inmortalidades”, la de la vida humana, y la del “yo” humano; en ella queda implicada siempre una antropología de la “doble vida”.
PAUL O’CALLAGHAN. ( https://www.philosophica.info/voces/muerte-inmortalidad/Muerte-inmortalidad.html#toc10 )
