ANALOGÍA
La analogía es una semejanza en sentido estricto, es decir, una semejanza imperfecta, que no llega a la igualdad, y contiene por ello también desemejanzas y diferencias.
A la vez, la analogía es un tipo de predicación en la que un nombre común se toma según significaciones semejantes, es decir, se predica en parte igual y en parte de modo diferente. Por eso se puede afirmar que ocupa un lugar intermedio entre la univocidad y la equivocidad, participando de las dos, aunque desigualmente.
Recordemos que al predicar algo respecto de varios sujetos cabe hacerlo de modo unívoco, equívoco o análogo:
Cuando la atribución se hace con el mismo significado, decimos que es unívoca (“Pedro y Laura son personas”, por ejemplo); cuando los significados de la atribución a varios sujetos es completamente distinta, decimos que es equívoca (“un banco de peces” y “Pedro trabaja en un banco”, por ejemplo). Y si se atribuye un nombre común a varios sujetos en sentidos que son en parte iguales y en parte diversos, se produce entonces una analogía (“estoy seguro de que Pedro va a venir” y “es un puente muy seguro”).
La analogía en el conocimiento es posterior y consiguiente a la analogía en el ser.
Conocimiento analógico de Dios
A través de lo que manifiestan las criaturas y de manera analógica, podemos llegar a conocer los atributos que están en estrecha conexión con la existencia de Dios, Causa primera. Las perfecciones que hallamos en las criaturas, que son efecto de Dios, nos permiten afirmar algo de las perfecciones existentes en la causa que las ha producido.
Esto hace imposible sostener un “agnosticismo respecto de la esencia” divina, como el que hallamos en autores como Plotino, Maimónides o Nicolás de Cusa, por ejemplo.
Entre Dios y las criaturas podemos decir que existe una analogía, porque entre Aquel y éstas existe una cierta semejanza, ya que toda causa produce algo semejante a ella en sus efectos y Dios es la causa del ser de todas las cosas. Las criaturas se asemejan en algo al Creador, ya que lo que tienen, lo tienen de Él. Esta semejanza es parcial, participada, recibida (como lo es el ser de las cosas).
Pero al mismo tiempo, se da una cierta desemejanza entre Dios y los entes finitos, puesto que existe una profunda (infinita) diferencia metafísica entre Dios y lo creado.
Lo que se afirma de Dios y de las criaturas se predica de modo análogo, según una cierta semejanza o proporción, que se fundamenta en la participación del ser de los entes finitos en el Ser por esencia (1).
La analogía en el conocimiento de Dios a partir del conocimiento que tenemos de las criaturas implica tres fases, “vías” o modos de conocimiento, que se dan conjuntamente: afirmación (o causalidad), negación (o remoción) y eminencia. En este punto Santo Tomás se inspira en el Pseudo-Dionisio, al que completa.
- Se afirma de Dios lo que de perfecto se encuentra en las criaturas (puesto que la perfección del efecto la tiene recibida de su causa). Si hay cosas que son buenas o bellas, se puede afirmar que Dios también lo es.
- Se niega de Dios a continuación el modo limitado e imperfecto en que una perfección se da en la criatura, en el ente finito. El modo en que Dios es sabio es muy diferente al modo en que lo es un hombre, por lo que se puede decir que Dios “no es sabio” (al modo humano). Con su “teología negativa”, Tomás de Aquino invita a trascender toda descripción figurativa o antropomórfica de Dios A la vez, se puede conocer a Dios como “distinto de los demás seres”.
- Eminencia: Por último, la perfección que se atribuye a Dios se afirma de modo infinito, eminente, según el modo infinito de ser propio de Dios. Por ejemplo, Dios es infinitamente poderoso, su poder no tiene límite.
He aquí un texto de Tomás de Aquino que sintetiza lo dicho: “Con la razón natural podemos conocer de Dios únicamente lo que se percibe de Él a partir de la relación que poseen los efectos hacia Él: por ejemplo, lo que designa su causalidad y su eminencia sobre lo causado, o lo que se excluye de Él en cuanto condición imperfecta de los efectos.” (Super Boeth. De Trinitate, q.1., a.4)
(1) Si Dios es la primera causa eficiente de cuanto existe, debe ser también causa ejemplar trascendente, es decir, poseedor en plenitud de toda perfección que comunica. Por su parte, la semejanza es una propiedad del efecto, la cual se funda en la participación de alguna perfección (cuando el efecto se adecua al poder de su causa).
