INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La Inteligencia artificial (IA) es un tipo de programación de máquinas computadoras por medio de sistemas informáticos o combinaciones de. algoritmos que dota a aquellas de habilidades que imitan la inteligencia humana a la hora de resolver problemas y realizar tareas, y que pueden adquirir una eficiencia creciente conforme recopilen información. (Un algoritmo es un conjunto de instrucciones o reglas definidas y no-ambiguas, ordenadas y finitas que permite solucionar un problema, realizar un cómputo, procesar datos y llevar a cabo otras tareas o actividades.)
En realidad, la expresión "inteligencia artificial" (IA) es un oxímoron: Si es “inteligencia” no puede ser artificial; si es “artificial” no es inteligencia. El uso de la palabra “inteligencia” es engañoso. No se puede aplicar del mismo modo a las personas y a los procesos de computación. Este equívoco -muy habitual- entraña el peligro de caer en un reduccionismo funcionalista, valorando a las personas solo por las tareas que realizan. Es una “herramienta” diseñada por un ser inteligente (humano) que realiza tareas asociando datos (“inputs”).
- No hay sujeto pensante, propiamente dicho. Lo es quien la diseña, programa y utiliza. La IA no es un “sujeto responsable”. No comprende lo que hace, aunque lo haga bien.
- Simula ciertos aspectos del razonamiento (deducción, análisis) y realiza tareas con gran rapidez y eficacia.
- “Procesa”: Realiza tareas, asocia datos cuantitativos, logra objetivos, según la lógica computacional (en la que se programa previamente qué es ‘lo correcto’ y qué es ‘lo incorrecto’ según el criterio del programador.)
- “Resuelve”: ofrece la “conclusión” de la conexión de los datos. (Resuelve problemas)
PERO NO “PIENSA” NI “TOMA DECISIONES” POR SÍ MISMO: no hay un “sujeto” pensante -por ello tampoco hay un ”sujeto responsable”-, no tiene voluntad: no quiere, no intenta, no delibera, no realiza juicios de valor, no decide, no elije, no manda, no obedece, no es responsable, no tiene la culpa ni el mérito. En realidad no “sabe” lo que hace.
- Procesa y simula algunas operaciones de la inteligencia (pero se mueve en el ámbito de la sintaxis lógico-matemática, no va más allá: comprensión de significados, aprendizaje a partir de la propia experiencia vital…)
- Asocia datos (“inputs”), pero no “aprende” en sentido estricto (tampoco lo hace a partir de la propia experiencia corporal y emocional, ni de vínculos, exigencias y vivencias morales).
- No integra las dimensiones física, emocional, social, moral y espiritual de la vida. No puede entender “la totalidad del mundo” ni la necesidad de situarse en él.
- No realiza juicios de valor en sentido estricto. Ni es capaz de discernir moralmente, ni de “vincularse personalmente” a algo o a alguien valioso.
- Más allá de la realización funcional de tareas, ni comprende ni se implica en la realidad, tampoco es capaz de intuir (captar de manera inmediata la esencia o el valor de algo o alguien, o de una situación).
- No se conoce a sí misma.
- No contempla.
- No se planea finalidades en sentido estricto.
