SER
Significa "existir" y afirma la realidad de algo, de una cosa (el ente o lo que es del ente): "A es o existe".
En cuanto verbo, también tiene una función atributiva o copulativa: "A es B"; ambas no deben confundirse.
Como sustantivo, un ser es un ente: "lo que es o existe".
En la estructura constitutiva radical de un ente hay que distinguir, por un lado la esencia: "lo que", el modo constitutivo de ser de algo; por otro lado el acto de ser o existencia: "es o existe".
Hay una distinción real entre esencia y existencia, se trata de dos modo de perfección: la perfección de la esencia implica notas constitutivas, propiedades, operaciones que especifican el modo de ser de algo, diferenciándolo de otros tipos de ser. Por su parte la perfección de existir es de otra índole, supone el darse en la realidad. El acto de ser es lo más radical; es el acto de todos los actos, aun de las mismas formas o esencias, que se comportan ante él como potencia.
Además, el ser es lo más íntimo, profundo y radical en cada cosa, es su mismo subsistir. El ser da realidad a las notas, las operaciones, la actividad y las cualidades esenciales; y éstas, en su caso, y porque existen, estructuran a la materia y dan lugar a un ente (material o corpóreo).
No hay contradicción, por otra parte, en que pudieran existir entes inmateriales; es posible que existan seres cuya esencia no requiere la materia como condición indispensable o suficiente para existir: “formas” que subsisten sin necesidad de informar o estructurar a una materia. Bastaría con que tuvieran existencia propia. Pero habrá que probar que tales sustancias o entes no materiales existen (sería el caso de los ángeles, y también del alma humana).
La composición de esencia y existencia, y la distinción real de ambas en un ente, implica que de las notas esenciales de éste no se sigue necesariamente su existencia real; no es un ser necesario. Existe, pero podría no haber existido. Es lo que se llama contingencia.
Pero todo ser contingente es causado. Si existe pero podría no haber existido, su existencia se debe a una causa. Como escribe Santo Tomás: “Elementos de suyo diversos (esencia y ser) no pueden constituir un ente real a menos que una causa los una.” Esta es una de las formulaciones más sugerentes del principio de causalidad.
Los seres (entes) de este mundo son contingentes ya que su esencia no implica necesariamente la existencia, pues se trata de dos tipos de perfección distintas, como decimos. Tienen el ser recibido (por participación, parcialmente), no son el ser; y por ello solo pueden proceder, en último término, de una Causa que posea el ser por esencia, Dios.
La creación es precisamente la participación (trascendental) de las cosas en el ser de Dios; es la dependencia radical en el ser. El ser de las cosas no se sostiene a sí mismo, porque la esencia de las cosas delimita o restringe el ser a un modo de ser: las cosas no agotan el ser; nuestra esencia no es ser, sino que tenemos el ser. Y este solo pueden ser recibido de un Ser cuya esencia es ser; que es o existe por esencia, en plenitud.
Tomás de Aquino afirma que el consitutivo metafísico de Dios es que es el ipsum Esse subsistens, el mismo ser subsistente, el cual es a se y no ab alio; es decir, que subsiste en sí mismo, que no procede ni depende ni es sostenido por otro, sino que se basta a sí mismo para existir. Es un Ser cuya esencia es ser.
Los seres creados también producen otros seres, pero aquí no hay creación propiamente, ya que lo producido no es el “esse” de los efectos sino su “fieri”. Este es el orden de las llamadas causas segundas, que suponen previamente el ser y solo confieren la forma, hacen que una cosa sea “tal cosa”, que sea “así o de otro modo” (árbol, hombre, silla, perro…). En cambio, la Causa Primera es la que da el ser entero a las cosas: Es “causa totius esse”.
Dios es la Causa prnmera que da el ser a la criatura -y todas sus demás características- haciéndola depender de Él. Por ello, Dios aunque es trascendente a las cosas creadas, también está íntimamente presente en ellas. Sin embargo, el ser que tienen las criaturas lo tienen y ejercen como propio.
Dios no solo es la causa de que algo comience a ser sino de que se mantenga siendo, ya que lo creado es contingente. Aunque Dios no es la “sustancia del mundo”, sí puede y debe decirse que Él es quien lo sustenta, por ser su Causa primera. Se llama conservación a la continuación del acto creador. La creación no tiene lugar "al inicio", sino mientras un ente exista. Sin este poder de conservar en el ser, los seres contingentes, carentes de fundamento en sí mismos, volverían de nuevo a la nada.
