RELATIVISMO
En sentido epistemológico (referente al conocimiento), es la tesis o postura que niega la existencia de la verdad (verdades absolutas, universales y necesarias), de que se puedan conocer las cosas como realmente son y que podamos servirnos de ellas como referencia para nuestros juicios y pensamientos.
Es quizás la “enfermedad” más seria de la inteligencia. Se apoya en la constatación de la relatividad del conocimiento (en parte obvia) para concluir que es imposible conocer las cosas en sí mismas y con objetividad: Toda cosa es conocida por un sujeto determinado, lleno de prejuicios y deseos, y que se sitúa en algún punto de vista concreto; todo quedaría teñido por la subjetividad del que conoce, por la cultura y la época en que es recibido. Además, todas las cosas se entretejen en multitud de relaciones que es imposible abarcar, lo cual nos ofrece un conocimiento siempre parcial, interpretativo y subjetivo. En suma, cada uno tiene “su” verdad, que no puede trascender. Viene a concluirse que existen multitud de opiniones de las que no es posible concluir una verdad única, absoluta y objetiva.
No hay inconveniente en aceptar que existen muchas cuestiones opinables, dentro de ciertos límites como la no-contradicción, porque acerca de ellas no hay la suficiente claridad. Pero hay opiniones mejor fundadas, que merecen más aceptación; y sobre otras sí hay la claridad o evidencia suficiente. Y en la medida que nos hallamos ante evidencias no es adecuado quedarse en la mera opinión. Ni todo es opinable, ni es igualmente opinable.
Si se toman en serio los argumentos relativistas, habría que aceptar que la realidad no respalda al conocimiento, sino que el conocimiento es simplemente una elaboración del sujeto en cada caso, sin fundamento en la realidad. Si se admitiera esto, nada existiría si no fuese concebido o percibido por algún sujeto, pero esto es insostenible, porque hay muchas cosas que existen realmente sin que nadie las perciba ni opine sobre ellas; como las que están en el fondo del mar o en las entrañas dela tierra, por poner algún caso obvio. Ser no es sólo “ser percibido”; si así fuera, el que percibe –el sujeto- tendría que ser percibido para existir. Pero es evidente que sucede al revés, para poder percibir es preciso antes existir. La vista tendría que verse a sí misma, pero no se ve a sí misma, sino que ve el color.
Si por otra parte pueden subsistir múltiples “verdades” distintas acerca de un mismo asunto, en función del punto de vista de los diferentes sujetos -lo que equivale a reducir el conocimiento a una elenco de tantas posibles opiniones como sujetos, todas ellas en principio igualmente válidas-, se cae en la contradicción, puesto que se admite que alguien pueda negar terminantemente esta postura y con el mismo grado de validez que el que la mantiene. Pero es obvio que ambas tesis no pueden ser sostenidas a la vez. Una de ellas ha de ser verdadera, y esto no es subjetivo ni relativo de ningún modo. La afirmación de que ‘todo es relativo’ no es relativa, sino absoluta.
El lenguaje a menudo es esclarecedor. Si decimos que algo es relativo, y nada más, el mensaje queda interrumpido, ya que es preciso mostrar “a qué es relativo”. Este “qué”, en última instancia tiene que ser algo no relativo, es decir absoluto, so pena de no estar diciendo nada.
El relativismo es en el fondo un antropocentrismo, un subjetivismo más o menos amplio y sofisticado. El sujeto –cada sujeto- se proclama a sí mismo como criterio último de lo admisible. El sujeto decide sobre el valor del conocimiento en lugar de comportarse de acuerdo con lo que conoce. En la práctica esta postura viene a resolverse en una postulación de la fuerza –en cualquiera de sus variantes- como modo de resolver entre opiniones diferentes: la mayoría, la persuasión emocional, la violencia, la astucia, etc. Ningún criterio podría prevalecer sobre la conciencia de cada sujeto, salvo por alguna forma de coacción o de corrupción.
Es verdad que no conocemos la totalidad de las relaciones que forman parte de la existencia de las cosas. Pero las cosas no son sólo sus relaciones. Podemos conocer bastantes relaciones y las cosas mismas; y aunque nuestro conocimiento no sea total, no por eso deja de ser verdadero. Que este jersey sea de color blanco no es todo lo que puede saberse de él, pero si realmente es blanco, hay una verdad con la que podemos contar. Conocer una cosa desde un aspecto no resulta ser “poco verdadero”, aunque no lo sea todo. Es plenamente verdadero, aunque su contenido sea modesto y limitado.
No obstante, existe una verdadera, sana y positiva forma de relatividad: la de quien no se empeña en ser el epicentro del mundo y del conocimiento, sino que respeta y valora las aportaciones de los demás, está a la escucha y aprende de lo que en ellas hay de verdadero, con lo cual el diálogo se convierte en una forma de caminar conjuntamente hacia la verdad. Aquí, relativizar las propias posturas no es desconfiar de su valor de verdad, sino desligarlas de todo interés particular de prevalecer, someterlas a la objetividad de conocimiento y al juicio y valor de la realidad.
