AJUSTE FINO (DEL UNIVERSO)
Viene a ser una suerte de “prueba teleológica” que, partiendo del orden (kosmos) que las ciencias ponen en evidencia, trata de mostrar la existencia de signos de finalidad o intencionalidad en el universo que llevarían a la conclusión de que hay una Inteligencia (y una voluntad) divina que ha dispuesto el mundo para que en él sea posible toda la complejidad de la vida en general y de la vida humana en particular.
El ajuste fino del universo (fine-tuning), que suele ponerse en relación con el llamado "principio antrópico" -formulado por Barrow y Tipler, y según el cual el universo, sus constantes y leyes dan la impresión de haber sido configurados precisamente para que el ser humano pudiera existir-, es un hecho científico que, si bien no constituye una "demostración" de la existencia de Dios, en cierta medida sugiere que el universo ha sido deliberadamente diseñado o proyectado. Este ajuste fino viene a ser un desafío de primer orden para el materialismo. Conviene no obstante, no identificar esta afirmación con la teoría llamada del “Diseño inteligente” (ID), que discurre por otra línea de argumentación diferente.[1]
¿En qué consiste el ajuste fino del universo?. En palabras muy simples, es el notable hecho de que las leyes físicas están finamente ajustadas, de tal manera que si variáramos alguna de ellas en un ínfimo porcentaje, la vida simplemente no existiría. Esto es realmente impresionante, ya que a fin de cuentas viene a mostrar que habitamos un universo extremadamente improbable, en el cual se ha desarrollado la vida compleja de una manera muy equilibrada, de acuerdo con un "fino ajuste” de condiciones que han hecho posible la vida y más asombrosamente aún la vida humana.
El ajuste fino del universo de las leyes y constantes del universo es un hecho. Las diferencias surgen a la hora de valorar y enmarcar el dato del ajuste fino.
En este punto, hay sobre todo dos opciones básicas consistentes: O bien nos encontramos ante una casualidad muy afortunada para nosotros, o bien nos encontramos ante un indicio de diseño cósmico. Y este es el motivo por el que, en efecto, parece que la teología natural podría atreverse a desarrollar un argumento a partir del dato del ajuste fino del universo, ya que, una vez aceptado el hecho de tal ajuste, la interpretación del “diseño o proyecto” es la que destaca con más naturalidad.
No obstante, no se trata de una “prueba concluyente”, sino de indicios y conjeturas sin duda sugerentes. Se basa en un dato sin duda importante, el de la teleología presente en las leyes del universo, que reclama una inteligencia ordenadora. Pero los datos disponibles, con ser abundantes y de notable consistencia, nos dicen que todo funciona en el universo “como si” un plan soberano hubiera dispuesto inequívoca e infaliblemente las leyes de la naturaleza para que surgiera la vida humana inteligente. Explicación esta, más plausible que el mero recurso al azar o al determinismo absoluto, pero que sigue pidiendo un “salto” para aceptar lo probable como si de una demostración se tratara.
Para llegar a la conclusión de que detrás del “ajuste fino” hay un proyecto inteligente, se debe probar que no puede ser casual y que no puede haber alguna explicación científica de este hecho. Todo esto es muy probable, ya que en el estado actual de nuestros conocimientos científicos ninguna respuesta resulta más satisfactoria que el que las leyes y constantes de la naturaleza física permiten la existencia de la vida porque en su origen hay una inteligencia y una voluntad que “ha decidido que sean” las que son. Pero esto no es sino una expectativa altamente plausible, no una prueba efectiva.
[1] “Los partidarios del ID piensan que la naturaleza no tiene tanta capacidad creativa [para dar origen a cada una de las estructuras físicas y formas de vida que han aparecido a lo largo del tiempo] y, por lo tanto, que muchas estructuras físicas y formas de vida deben haber sido proyectadas y construidas directamente por un agente externo sobrenatural.” (Pérez de Laborda, M. Dios a la vista, pág. 116)
