ESPERANZA
Desde un punto de vista filosófico, la esperanza es una emoción espiritual. Tomás de Aquino caracteriza la esperanza (y la ilusión) como el deseo de un bien difícil pero alcanzable, que es movido por el amor.
Este deseo, cuando adquiere estabilidad y firmeza, se convierte en virtud humana: es la certeza, el optimismo y la magnanimidad, la tensión del ánimo hacia grandes cosas, que se ha convertido en una disposición estable y sólida -un hábito-, lo cual va más allá de la mera ilusión.
Existe también la virtud teologal de la esperanza, que -junto con la fe y la caridad- es un don de Dios, una gracia: la certeza que brota de la confianza en la promesa y los méritos de Cristo, que aseguran la bienaventuranza final.
"La esperanza no es un ‘todo se arreglará’ infundado, sino un estado de inseguridad pero con paciencia activa y valiente, que no cede al desánimo. La esperanza se traduce en paciencia, lo que no significa quietud o pasividad. Significa saber abandonarse activamente al tiempo, saber apreciar en el presente los signos de lo positivo que puede venir. Estos signos son lugar de apoyo para vivir el presente, sin evadirse, pero abriéndose a lo que vendrá, sin seguridades falsas, pero con la tranquilidad de saber que siempre tras las tinieblas llega la luz." (Xosé Manuel Domínguez)
