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EMANATISMO

En especial el mundo antiguo griego, sobre todo el neoplatonismo de Plotino, Porfirio y Proclo, para explicar el origen del universo, afirmaba que procede de sucesivas “emanaciones” a partir de un principio eterno -el Uno-, y que en definitiva el mundo es resultado de una última emanación (y no de una creación) por la cual la sucesión de ideas puras, de ideas de ideas, inmateriales, concluye asumiendo o tomando materia. La materia -afirman- ensombrece la idea, pero aun así no la oculta del todo, muestra un rastro de ella (recuérdese el pensamiento dualista de Platón, que se pretende superar aquí), y nos remite a las ideas puras o verdaderas, inmateriales, del todo despojadas de materia. A estas cuestiones pretenderá dar respuesta la doctrina de la participación de Tomás de Aquino.

Esta explicación apunta a dar razón de que el mundo con materia no es un puro “cosismo” -una multiplicidad de “cosas sin más”, sin conexión alguna de unas con otras-. Pues si así fuese no habría, por ejemplo, posibilidad alguna de diálogo o comunicación intelectual entre los humanos.

Los emanatismos filosóficos se remiten a un Uno, un mundo inmaterial de ideas puras, para dar razón de la unidad en medio de la pluralidad existente en el cosmos o universo.

El emanatismo, en suma, niega la libertad del Creador, es un proceso necesario. Es un "cuasi panteísmo". Postula también una circularidad: Todo es uno y vuelve al uno.

La aportación de Aristóteles acerca de este punto consiste en que no sitúa la realidad de las ideas fuera de la materia (de los entes materiales) sino configurando a esta, dándole forma (aquello que la cosa es, su estructura, y que precisamente puede ser captada por la inteligencia humana).