INSTINTO
Un instinto es una pauta fija e innata de conducta que cada especie marca a sus individuos.
Cada animal nace ya con una serie de “pautas” que le marcan lo esencial de su comportamiento. Todos los miembros de una misma especie nacen ya con estas tendencias radicales que se orientan a la supervivencia.
Pero el ser humano no tiene propiamente instintos, sino tendencias, abiertas al influjo de su voluntad y al criterio de su inteligencia. Mientras que los animales nacen ya con esquemas de captación y de reacción que les impulsan a la resolución adecuada de sus necesidades de supervivencia, en el hombre no ocurre así. Nace desprovisto de esas “seguridades”. Esto es lo que suplen la cultura y la educación, basadas sobre todo en el cultivo y formación de la inteligencia y de la voluntad y en la ayuda de sus semejantes con el fin de que pueda llegar a valerse por sí mismo de manera responsable.
Así pues, decimos, en el ser humano la falta de instintos viene compensada por la educación. Es un ser capaz de comprender la realidad y a sí mismo, y de tomar decisiones que afectan al curso de su vida. Tiene que aprender a vivir, orientando y dirigiendo sus inclinaciones y tendencias desde la razón. Además, se propone fines propios como individuo, no sólo como miembro de su especie, y por eso su biografía personal es significativa, original; no repite el curso vital de los demás miembros de su especie. Esto es consecuencia, precisamente de su racionalidad y su libertad.
El animal viene determinado por las pautas que le impone su especie respectiva. El ser humano, en cambio, posee la inteligencia y con ella la libertad. Puede pensar y decidir por sí mismo individualmente.
Pero no hay que olvidar que el éxito en este empeño no está garantizado de antemano: podemos echar a perder nuestra vida. Ya hemos hecho notar más arriba que la vida para el ser humano es un quehacer, una tarea.
